Publicaciones de Mutación mercantil, frivolidad, pérdida de identidad en el Once

En la época de la convergencia digital.


En el camino por acelerar la transición de un sistema analógico a uno de televisión digital terrestre hay varios obstáculos por brincar debido al apabullante duopolio de la pantalla chica existente en México. En medio de este frenesí tecnológico, la comunidad del Instituto Politécnico Nacional rechaza la mutación mercantil y de aparato político del Canal 11.
Sólo restan unos días para que se establezca la Comisión Intersecretarial para la Transición Digital que coordinará las acciones necesarias para concretar el pro- ceso de lo que se ha llamado el "apagón analógico". A partir de que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) -por orden de Felipe Calderón- publicó el pasado 2 de septiembre el decreto que establece acciones para agilizar dicho cambio tecnológico, la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) liberará la banda de 700 MHz para el año 2012, a fin de permitir la prestación de otros servicios de telecomunicaciones. Por lo que también deberá conducir los procesos de licitación del espectro radioeléctrico disponible en la banda de 698-806 MHz.

Dicha Comisión Intersecretarial deberá estar lista a principios de octubre para promover y coordinar las acciones a realizar, evaluar los avances en la penetración de los receptores digitales y el desarrollo del proceso de terminación de las transmisiones de televisión analógica. En tanto, la Secretaría de Economía expedirá las disposiciones para asegurar que todos los receptores de televisión distribuidos o comercializados en el país cuenten con la capacidad de sintonizar canales de televisión digital y deberá instrumentar las acciones necesarias para facilitar a la población la compra de receptores o decodificadores para recibir las señales digitales.

Ruta escabrosa

Este decreto de la SCT no es el único. La transición digital se inició en México en 2004, cuando se publicó el acuerdo por el que se adopta el Estándar Tecnológico de Televisión Digital Terrestre que, a su vez, instauró la Política para la Transición a la Televisión Digital Terrestre en México, estableciéndose el uso del estándar A/53 del Advanced Television Systems Committee Inc (ATSC) para comenzar la transición, el cual está en ejecución por diversos concesionarios y permisionarios que prestan el servicio de radiodifusión.

Esa política determinó que los concesionarios y permisionarios contarían temporalmente con un canal adicional por cada analógico para llevar a cabo transmisiones digitales hasta lograr un alto nivel de penetración, y que una vez concretado el "apagón analógico" se reintegraría al Estado el canal que determine la Cofetel.

Sin embargo, el 22 de abril de 2009 el Comité Consultivo de Tecnologías Digitales para la Radiodifusión rindió un informe en torno al proceso de transición durante 2008, donde señala que sus señales radiodifundidas no están siendo captadas por la mayoría del público televidente. Asimismo, puso en evidencia que los receptores digitales son aún un artículo adquirido por un segmento de la población que los emplea para servicios de televisión restringida, para reproducir discos de video compactos o para consolas de videojuegos. Por eso, la penetración de este servicio entre la población no ha sido la esperada.

Así es que acelerar la transición hacia lo digital quizá no impacte de inmediato a la sociedad que depende, en más del 68 por ciento, de los servicios de la televisión abierta. En cambio, sí seguirá beneficiando al duopolio Televisa-TV Azteca.

Para el ingeniero Felipe Rolando Menchaca García -especialista en planeación y desarrollo de sistemas de telecomunicaciones e integrante de la Aca- demia Mexicana de Ingeniería- la televisión es en extremo impactante en México, pues su cobertura llega a más del 95 por ciento de la población. Esto es, alrededor de 100 millones de personas. Pero sólo dos cadenas comerciales muy poderosas, Televisa y TV Azteca, dominan ampliamente el mercado, aunque también hay dos canales culturales de televisión abierta (Canal 11 y Canal 22) cuya cobertura, sin embargo, es mucho menor que los comerciales. Además, en la década de 1970 se otorgaron permisos para implantar canales de televisión estatales a todas las entidades federativas. Así, en 2008 operaban 780 estaciones de televisión que soportan el trabajo de las opciones señaladas.

No obstante, mientras que en junio de 2009 Estados Unidos aplicó el apagón definitivo de la televisión analógica, en México todavía no se autoriza la explotación de los servicios de televisión abierta digital, aunque ya se ha adoptado el estándar ATSC y están transmitiendo en forma de prueba los canales digitales TDT. En este sentido, el número de estaciones operando pasó de 780 a 814 en 2010. Pero dentro de este esquema es impresionante ver cómo el Canal 2 de Televisa tiene 171 estaciones repetidoras, contando ya las estaciones digitales, seguido por el Canal 13, de TV Azteca, con 108 es- taciones repetidoras. En tanto, 284 estaciones locales en su gran mayoría corresponden a las cadenas en manos de los gobiernos de los estados.

Menchaca García explica que la distribución de canales se realiza sólo en cuatro ciudades del país: Distrito Federal, Toluca, Guadalajara y Monterrey. En ese sentido, no están ocupados ni el 33 por ciento de los canales, a pesar de que en el DF las tres estaciones que tiene instaladas Televisa entre el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl impiden que se aprovechen los canales 8, 10 y 32 en el Valle de México. Además, en Toluca hay menos de la mitad del número de canales que operan en el DF.

-Es obvio -afirma- que la televisión abierta mexicana se ha quedado estancada. Desde hace varios años las dos televisoras dominantes han acaparado los canales y los órganos regulatorios, no han abierto nuevas alternativas para hacer un uso eficiente de la capacidad que tiene el espectro radioeléctrico. La llamada televisión por cable o televisión de paga llega a un poco más de dos millones de personas y recientemente se ha dado cabida al Canal del Congreso y el Canal Judicial, así como DirectTV y Dish, como televisión directa por satélite.

El también analista de redes y sistemas añade que los grandes avances de la tecnología han dado origen a la televisión digital, a la geomática, a la televisión tridimensional, a la televisión multimedia, al triple y múltiple play; a la televisión multimedia vía satélite, etcétera: "Por fortuna -indica-, la madu- rez y los costos de estas tecnologías cada día los hacen más accesibles a todos los presupuestos. Debido a su penetración, su precio reducido y la solidez de la tecnología actual es factible que en un breve plazo todos los hogares cuenten con una pantalla plana de televisión digital. Empero, el costo actual con que se están vendiendo los adaptadores digitales, para que una televisión analógica pueda captar señales digitales, es de alrededor de 20 dólares."

Giro mercantil

Dentro de este panorama de la transición digital y sus riesgos, representantes de las principales organizaciones de profesores, investigadores, estudiantes, trabajadores y egresados del Instituto Politécnico Nacional (IPN) se manifiestan para rechazar la transformación que el gobierno de Felipe Calderón pretende hacer con el principal órgano de difusión de esta dependencia: el Canal 11.

Estas organizaciones politécnicas se han manifestado, desde el año pasado, en contra de la pérdida de identidad del XEIPN Canal 11 de Televisión, al modificarle el nombre y la cromática, así como la "degradación" en la programación y el giro mercantilista que el actual director, Fernando Sariñana Márquez, le ha impreso. Pero esta protesta se agudiza con la firma del "convenio de colaboración" que la directora del IPN, Yoloxóchitl Bustamante Díez, firmó con el Organismo Promotor de Medios Audiovisuales (OPMA) para que la señal de la emisora ampliara su cobertura de transmisión al territorio nacional. El convenio señala que el Canal 11 aporta el contenido de la programación de manera íntegra y el OPMA, dependiente de la Secretaría de Gobernación, las frecuencias analógicas para transmisión digital, transmisores y antenas de televisión. Por eso, la Cofetel le asignó al OPMA 12 permisos para operar canales analógicos y digitales de televisión. Sin embargo, dicho "convenio de colaboración" es violatorio a la Ley Orgánica del IPN, su reglamento y las disposiciones legales de operación del Canal Once.

El artículo diez de La Ley Orgánica del IPN establece que la estación de Televisión XEIPN Canal 11 es un órgano de apoyo del Politécnico para la enseñanza científica y técnica-superior, informar, difundir los avances de la investigación científica y tecnológica, las humanidades, la educación y la cultura. Por ello está adscrito al ámbito de las facultades de la SEP.

En ese sentido, Felipe Rolando Menchaca García -también presidente de la Sociedad de exalumnos de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) e integrante del comité que forma la Agencia Espacial Mexicana- explica que, a pesar de que siempre ha estado asediado por intereses de gobierno en turno, el Canal 11 ha realizado valiosas aportaciones a la cultura nacional y ha sido el crisol que ha dado pie al surgimiento de instancias educativas de gran impacto para el país.

-Apegado a los principios con los que se creó y aprovechando los grandes avances de la tecnología, esta emisora debe seguir teniendo el liderazgo de la televisión educativa, científica, técnica y cultural. Sin duda es factible y muy importante que tenga una cobertura nacional, pero no mediante actores externos (como el OPMA), sino a través de la asignación de canales en todos los espacios geográficos del país. Principalmente, en todos los sitios en los que el IPN tiene escuelas y unidades porque allí pueden instalarse equipos e instalaciones, transmisores y antenas con los costos reducidos que tienen actualmente este tipo de aparatos.

A su vez, Rubén Mares Gallardo -exdirector de la Escuela Superior de Física y Matemáticas-IPN, con 40 años como profesor e integrante de la Organización Nacional Politécnica Cardenista- explica en entrevista que, en los últimos diez años, el Canal 11 se ha distinguido por ser un instrumento del "inquilino de Los Pinos"; es decir del presidente en turno, debido a que el IPN no es una institución autónoma. Por eso, este medio de comunicación le ha tocado magnificar la resonancia de la voluntad y del accionar del jefe del Ejecutivo hacia la sociedad.

-Esto significa -añade el físico-ma- temático- que, en su gestión, este canal ni es plural, ni es democrático, ni transparente. Hay una cerrazón por parte de los directores de la emisora -antes Julio di Bella, ahora Sariñana Márquez- que la convierten en coto de poder del propio Ejecutivo. Pero eso debe acabar. El Reglamento de la Ley Orgánica del IPN dice que debe de existir un comité asesor para los quehaceres del canal politécnico, particularmente el de su programación. Esto, ahora, no existe porque la actitud de los directores ha sido impermeable a cualquier asesoría de la comunidad, ya no digo de la sociedad mexicana. Ése es el problema. Sabemos que introducir al Canal 11 una serie al estilo de Televisa o de Enrique Krauze significa millones de pesos desembolsados. Eso no puede ser.

Mares Gallardo lamenta que el dinero que se destina a la producción de la programación de la emisora politécnica no provenga del presupuesto fiscal que la Cámara de Diputados le asigna al IPN, sino refleja la falta de transparencia que existe en este rubro porque se trata de partidas especiales que no pueden ser auditadas por el Congreso de la Unión.

Los embates

En efecto. La historia del Canal 11 tiene sus altibajos. Por ejemplo, en 1968 el presidente en turno ordenó quitarle su transmisor por el temor de que los estudiantes tomaran esta emisora para difundir la situación que en ese momento vivía el país. No fue sino hasta a principios de los años noventa cuando ese artefacto se le devolvió. Sin embargo, sufrió otro embate: Carlos Salinas de Gortari nom- bró a Alejandra Lajous como directora de este canal (1991-2000) y, con el pretexto de "modernizarlo", empren- dió una embestida contra el sindicato de trabajadores de este medio de comunicación. Así, de mil 350 sindicalizados, sólo quedaron 450. Como no pudo despedir a tantos trabajadores, los redistribuyó en las escuelas del Politécnico. Pero lo que sí logró es desaparecer las plazas de base y entrar a un nuevo régimen laboral con la contratación por honorarios, práctica que aún subsiste.

Hoy en día sólo los técnicos del canal son egresados del Poli, el resto del personal proviene de la Universidad Iberoamericana, el Tecnológico de Mon- terrey y la Universidad Anáhuac. Antes, todas las escuelas del IPN hacían los programas que nutrían al Canal 11. Ahora la producción se hace a través de empresas privadas que el director en turno contrata. Ninguna escuela está produciendo programas para la emisora. Por eso ya no hay identificación con la comunidad.

Esto lo explica bien Ramiro Aguirre Garín -presidente de la Organización Nacional Politécnica Cardenista-, quien asegura que la comunidad politécnica siempre ha estado al pendiente del desarrollo de su televisora:

-En el Politécnico hay un gran reclamo porque este Instituto no tiene presencia en el Canal 11 debido a que nos lo ha secuestrado -enfatiza-. Lo han raptado. Hacia fuera no tiene identidad porque su programación confunde, alterna y hasta "rivaliza" con la televisión comercial. Hacia adentro, por- que el trabajo de nuestros investigadores -premios Príncipe de Asturias y Nacionales en Ciencias y Artes, particularmente en tecnología- no se difunde por la emisora. No se les escucha, no tienen tribuna, no los conoce la sociedad.

Aguirre Garín añade que, en el aspecto cultural, este medio de comunicación tampoco tiene identidad. Recuerda que cuando Antonio Rodríguez, un exiliado portugués, ocupó la Dirección de Difusión Cultural del IPN germinó mucho este aspecto y, de esa época, cuajaron escritores como Humberto Guzmán, Guillermo Samperio, Miguel Ángel Flores y Gerardo de la Torre, por mencionar algunos. Además, por lo menos diez jóvenes, principalmente de la Escuela Supe- rior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) y de la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas (ESIQIE), descollaron en la dramaturgia. Otros más son estudiantes de las escuelas de Economía, Ciencias Biológicas, de Ingeniería, etcétera, que alternan sus estudios con la literatura.

-Sin embargo -apunta Aguirre Garín- nuestros jóvenes, nuestros alum- nos, científicos y profesores no tienen tribuna por este secuestro del Canal 11. Ellos mejor acuden a otras dependencias, a esperar que nuestra emisora les haga una entrevista o, por lo menos, dé a conocer su trabajo. Y qué decir de la Orquesta Sinfónica del IPN, tampoco tiene espacio. Todo esto sucede porque a quienes designan como directores de la emisora no aprecian el valor científico, educativo, tecnológico y cultural que se desarrolla en el Politécnico. No está mal que les den voz a otros actores de la población pero, ¿que se la quiten a la comunidad a la que pertenece? Hoy, nuestras escuelas están totalmente ausentes de la programación.

Cultura contra rating

Los representantes de las organizaciones politécnicas consideran que su canal debe retomar sus objetivos para que -en esta época de convergencia tecnológica- se convierta en un pilar de la educación y de la difusión de la ciencia y la cultura. Sobre todo porque, con el apoyo de esta emisora, se podrían desarrollar materiales educativos modernos, fomentar la ciencia, la ingeniería, la conciencia cívica, la salud, la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías y llegar a la mayor población posible con estos elementos fundamentales del conocimiento.

Al respecto, Primo Alberto Calva Chavarría -presidente del Consejo de Investigadores Politécnicos- apunta en entrevista que el problema del canal se origina desde antes de que funcionarios del IPN y del OPMA firmaran el "acuerdo" y demandaran con urgencia el cumplimiento cabal de la Ley Orgánica del IPN y los reglamentos que de ella derivan, porque son el sustento legal que le da identidad y concepción al Once.

Especifica que el objetivo de una televisión educativa y cultural es instruir, educar, promover y difundir la cultura, acercarse a un público que desea ver una mejor programación: "Considero que el impacto de la tele educativa y cultural es más importante que el rating porque cuenta con públicos específicos que, a su vez, transmiten la información de lo que aprenden en la pantalla chica, por lo que hay un efecto multiplicador que las estadísticas no registran pero que impactan de manera positiva en el desarrollo de la sociedad."

En tanto, Calva Chavarría subraya que el objetivo de las televisoras comerciales es cautivar un alto porcentaje de audiencia para obtener grandes ganancias de dinero. Llegar a las audiencias para distraerlas o divertirlas, en el mejor de los casos, no para formar públicos, ni para abonar al pensamiento divergente y la reflexión profunda. No para contribuir al desarrollo de las capacidades conceptuales y abstractas de los niños y jóvenes. Por tanto, mantiene una programación que incluso llega a la saturación y que, en muchas ocasiones, imanta de manera negativa a la sociedad. Un ejemplo de esto fue el programa de Televisa Monólogos, de Adal Ramones, que logró que millones de jóvenes redujeran su vocabulario a la expresión: "¡Qué, güey!"